lunes, 27 de noviembre de 2017

El reino de Dios



— Hemos celebrado la realeza de Cristo. La denominación de Cristo como Rey no tiene en la Biblia connotaciones politico-religiosas. El rey no es un gobernante que manda lo que le apetece sin más, sino quien asume la responsabilidad de cuidar de todos y cada uno de los suyos. En el próximo Oriente se califica a los reyes de pastores o de jardineros.
— La primera lectura nos habla de los cuidados de Dios a cada uno: esto dice el Señor Dios: "Yo mismo buscaré mi rebaño y lo apacentaré. Como recuenta un pastor su rebaño cuando está en medio de sus ovejas que se han dispersado, así recontaré mis ovejas y las recogeré de todos los lugares en que se dispersaron en día de niebla y oscuridad. Yo mismo pastorearé mis ovejas y las haré descansar, dice el Señor Dios. Buscaré a la perdida, haré volver a la descarriada, a la que esté herida la vendaré, y curaré a la enferma. Tendré cuidado de la bien nutrida y de la fuerte. Las pastorearé con rectitud" (Ez 34,11-12.15-16). Nos quiere y está pendiente de todo lo que nos pasa. Observa lo bueno y lo malo, e interviene para hacer el bien.
— Gracias Señor por tus cuidados, por estar siempre pendiente de lo que me ocurre. Ojalá siempre le demos alegrías… y si no se las hemos dado, que rectifiquemos en seguida pidiendo perdón y dejándonos encontrar, sin escondernos, que, si no, al final sufriremos.
— En cambio, en el Evangelio, se presenta como un juez inflexible: Cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria y acompañado de todos los ángeles, se sentará entonces en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las gentes; y separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá las ovejas a su derecha, los cabritos en cambio a su izquierda.
 Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo: porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era peregrino y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme".
 Entonces le responderán los justos: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos peregrino y te acogimos, o desnudo y te vestimos?, o ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y vinimos a verte?"
 Y el Rey, en respuesta, les dirá: "En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis".
 Entonces dirá a los que estén a la izquierda: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles: porque tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed y no me disteis de beber; era peregrino y no me acogisteis; estaba desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis".
Entonces le replicarán también ellos: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, peregrino o desnudo, enfermo o en la cárcel y no te asistimos?"
 Entonces les responderá: "En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también dejasteis de hacerlo conmigo. Y éstos irán al suplicio eterno; los justos, en cambio, a la vida eterna" (Mt 25,31-46).
— En el fondo es un consuelo. Ahora, y en tantas ocasiones, en que parece que el mal triunfa con facilidad, el Señor consuela a los que padecen injusticias haciendo notar que el mal no tiene la última palabra. La justicia existe y al final todo saldrá a la luz y cada uno responderá de sus obras.
— A la vez, Jesús enseña de un modo positivo: no se salvan los que nunca han hecho nada malo, sino los que han hecho muchas cosas buenas, los que han estado pendientes de las necesidades materiales y espirituales de los demás para ayudarles.
— Para concretar ese camino, la tradición de la Iglesia habla de las obras de misericordia. Son catorce, y un repaso rápido nos puede servir para concretar ideas:
— Las siete obras de misericordia corporales: 1. Visitar y cuidar a los enfermos. 2. Dar de comer al hambriento. 3. Dar de beber al sediento. 4. Dar posada al peregrino. 5. Vestir al desnudo. 6. Redimir al cautivo. 7. Enterrar a los muertos.
— Las siete obras de misericordia espirituales: 1. Enseñar al que no sabe. 2. Dar buen consejo al que lo necesita. 3. Corregir al que yerra. 4. Perdonar las injurias. 5. Consolar al triste. 6. Sufrir con paciencia los defectos de los demás. 7. Rogar a Dios por vivos y difuntos.
— Pidamos al Señor que su paz reine en nuestros corazones, y a la Santísima Virgen, Reina de la paz, que nos ayude a trabajar sin descanso por extender el reino de Dios, reino de paz y justicia, reino de amor y verdad.

lunes, 20 de noviembre de 2017

Responsabilidad



- El Evangelio del domingo nos propone un texto bonito, tal vez ahora poco correcto: es el elogio de la mujer fuerte: 10 Una mujer fuerte ¿quién la encontrara? Vale mucho más que las perlas. 11 En ella confía el corazón de su marido, y no le faltará ganancia. 12 Le procura bien y no mal todos los días de la vida. 13 Busca lana y lino y trabaja con diligencia. 14 Es como nave de mercader, que trae de lejos su alimento. 15 Y se levanta cuando aún es de noche, para distribuir la comida en su casa y la tarea a sus sirvientas.16 Repara en un campo y lo adquiere, con el fruto de sus manos planta una viña. 17 Se ciñe con brío la cintura, y ejercita la fuerza de sus brazos. 18 Comprueba que va bien su negocio, su lámpara no se apaga de noche. 19 Aplica sus manos a la rueca, sus palmas empuñan el huso. 20 Abre su palma al indigente, y extiende su mano al pobre. 21 En su casa no temen a la nieve, porque todos los suyos llevan trajes forrados. 22 Confecciona sus propios mantos, viste de lino y de púrpura. 23 Su marido es ilustre en las puertas, cuando toma asiento entre los ancianos del país. 24 Confecciona túnicas y las vende, y provee de fajas al comerciante. 25 Está revestida de fortaleza y dignidad, y sonríe al porvenir. 26 Abre su boca con sabiduría, y su lengua enseña con bondad. 27 Vigila la marcha de su casa, y no come pan de balde. 28 Sus hijos se ponen en pie y la felicitan, y su marido la alaba: 29 "¡Muchas mujeres tuvieron entereza, pero tú superas a todas!". 30 Falaz es la gracia y vana la hermosura, la mujer que teme al Señor será alabada. 31 Dadle el fruto de sus manos, y que sus obras la alaben en las puertas (Pro 31,10-31). ¡Su marido es un comodón, ella sola tiene que hacer todo!
- Pero esa mujer es una figura de la Sabiduría divina: Dios nos cuida con la solicitud con que esa mujer vela por su familia, atendiendo a todas las necesidades. Podemos estar orgullosos de sus cuidados y darle gracias.
- Caer en la cuenta de cómo nos cuida Dios invita a pensar en cómo ser cristianos de veras, hombres que reflejen en su vida la vida de Dios. También cada uno de nosotros queremos tener los mismos sentimientos y desvelos que tiene Dios hacia todos los hombres: no personas perezosas, ni egoístas que van a lo suyo. Responsabilidad e iniciativa: darnos cuenta de lo que pasa a nuestro alrededor y poner los medios para ayudar de verdad.
- El cristiano maduro es una persona “con motor propio”, no un carrito del que hay que tirar y que se atasca de vez en cuando. ¿Soy yo así? ¿Funciono bien sólo cuando las necesidades tiran de mí, y soy perezoso y descuidado cuando no tengo urgencias? ¿Me tomo en serio mi vida cristiana, mi formación, y mi responsabilidad de servir a los demás?
- El Señor nos pedirá cuentas del rendimiento que hayamos sacado de todo lo que ha hecho por nosotros y de los dones que nos ha dado. En el Evangelio nos lo explica con una parábola: 14 "Porque es como un hombre que al marcharse de su tierra llamó a sus servidores y les entregó sus bienes. 15 A uno le dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno sólo: a cada uno según su capacidad; y se marchó. 16 El que había recibido cinco talentos fue inmediatamente y se puso a negociar con ellos y llegó a ganar otros cinco. 17 Del mismo modo, el que había recibido dos ganó otros dos. 18 Pero el que había recibido uno fue, hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. 19 Después de mucho tiempo, regresó el amo de dichos servidores e hizo cuentas con ellos. 20 Cuando se presentó el que había recibido los cinco talentos, entregó otros cinco diciendo: "Señor, cinco talentos me entregaste; mira, he ganado otros cinco talentos". 21 Le respondió su amo: "Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor". 22 Se presentó también el que había recibido los dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me entregaste; mira, he ganado otros dos talentos". 23 Le respondió su amo: "Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor". 24 Cuando llegó por fin el que había recibido un talento, dijo: "Señor, sé que eres hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; 25 por eso tuve miedo, fui y escondí tu talento en tierra: aquí tienes lo tuyo". 26 Su amo le respondió: "Siervo malo y perezoso, sabías que cosecho donde no he sembrado y que recojo donde no he esparcido; 27 por eso mismo debías haber dado tu dinero a los banqueros, y así, al venir yo, hubiera recibido lo mío con los intereses. 28 Por lo tanto, quitadle el talento y dádselo al que tiene los diez. 29 "Porque a todo el que tiene se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará. 30 En cuanto al siervo inútil, arrojadlo a las tinieblas de afuera: allí habrá llanto y rechinar de dientes (Mt 25,14-30)
- Comparación con la parábola de Eliezer ben Hircanos a Yojanan ben Zakkay que estaba desolado por la muerte de su hijo siendo todavía joven: Te voy a poner un ejemplo. ¿A qué se parece esto? A un hombre al que el rey confió un objeto en depósito. Todos los días el hombre lloraba y gritaba diciendo: —¡Ay de mí! ¿Cuándo me veré libre de este depósito y podré estar en paz? /También tú, maestro, tenías un hijo que estudió la Torah, los Profetas y los Escritos, la Misná, la Halakah y la Hag-gadah, y que ha abandonado el mundo sin pecado. ¡Tú debes, pues, consolarte, por haber devuelto tu depósito intacto! (Abot de Rabí Natán A, 14, 5). En ella el que conserva lo recibido es premiado, ¡pero Jesús lo manda al infierno!
- La parábola también enseña que no se trata de hacer cosas grandes ni extrañas, sino en hacer bien lo corriente, lo pequeño: Muy bien, siervo bueno y fiel; como has sido fiel en lo poco, yo te confiaré lo mucho: entra en la alegría de tu señor. Fidelidad en lo poco, en las cosas concretas de cada día. Ahí tenemos muchas ocasiones de servir y dar gracias al Señor, o de pedirle perdón porque con frecuencia se nos escapan detalles, y siempre nos damos cuenta de que necesitamos que nos eche una mano: Gracias, perdón y ayúdame más!
- Santa María, como buena madre, ayúdanos a ser hijos responsables, a los que se puede dejar solos porque ellos mismos saben lo que tienen que hacer y lo hacen aunque no tengan a nadie encima.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Madurez



- Jesús invita a pensar con parábolas: Entonces el Reino de los Cielos será como diez vírgenes, que tomaron sus lámparas y salieron a recibir al esposo. 2 Cinco de ellas eran necias y cinco prudentes; 3 pero las necias, al tomar sus lámparas, no llevaron consigo aceite; 4 las prudentes, en cambio, junto con las lámparas llevaron aceite en sus alcuzas (Mt 25,1-4). En una boda de pueblo van llegando los amigos de los novios. Se retratan distintos caracteres: unos más previsores, que piensan en el futuro y se preparan, y otros que viven el presente, sin más cálculos.
- Al hablar ahora con Él nos sugiere considerar en qué personajes nos vemos mejor reflejados: vamos despreocupados por la vida como las chicas necias, o actuamos de modo responsable y sereno, como las prudentes.
- Jesús sigue: 5 Como tardaba en venir el esposo, les entró sueño a todas y se durmieron. 6 A medianoche se oyó una voz: "¡Ya está aquí el esposo! ¡Salid a su encuentro!" 7 Entonces se levantaron todas aquellas vírgenes y aderezaron sus lámparas. 8 Y las necias les dijeron a las prudentes: "Dadnos aceite del vuestro porque nuestras lámparas se apagan". 9 Pero las prudentes les respondieron: "Mejor es que vayáis a quienes lo venden y compréis, no sea que no alcance para vosotras y nosotras". 10 Mientras fueron a comprarlo vino el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas y se cerró la puerta. 11 Luego llegaron las otras vírgenes diciendo: "¡Señor, señor, ábrenos!" 12 Pero él les respondió: "En verdad os digo que no os conozco". 13 Por eso: velad, porque no sabéis el día ni la hora (Mt 25,5-13)
- Jesús invita a sus oyentes a pensar en que llegará la muerte y el juicio, y no conviene que les sorprenda desprevenidos. Sus palabras también se dirigen a nosotros y nos pueden hacer pensar en lo que realmente es más importante de la vida. Ya la semana pasada hablábamos con Él de los difuntos y de lo que podemos hacer por ellos desde este  mundo. Ahora se nos invita a pensar en nosotros mismos.
- Una de las tentaciones más habituales para los que somos jóvenes es la superficialidad, el atolondramiento, la frivolidad,… el decidir todo sobre la marcha, sin pararnos a pensar las consecuencias, si son las que queremos, o no.
- Jesús sabe que no somos, o no queremos ser malos. Pero a veces somos flojos. Queremos estudiar y aprovechar el tiempo,… pero si hay una buena serie, o un plan más divertido… Queremos pasarlo bien con los amigos, pero tal vez una segunda o una tercera copa nos lleva a perder un poco el control y no reaccionar con la decisión debida ante unas tentaciones que se presentan…
- El atolondrado es un poco “pasota”, es raro que reaccione con energía incluso cuando debería hacerlo. Pero es bueno que adquiramos la costumbre de pensar y actuar de modo sensato, como las vírgenes prudentes, y esto requiere un esfuerzo por parte de la voluntad por hacer lo que se debe aunque a veces no apetezca.
- En el evangelio Jesús nos enseña a sacar energía cuando es necesario: Encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. 15 Con unas cuerdas hizo un látigo y arrojó a todos del Templo, con las ovejas y los bueyes; tiró las monedas de los cambistas y volcó las mesas. 16 Y les dijo a los que vendían palomas: -Quitad esto de aquí: no hagáis de la casa de mi Padre un mercado. 17 Recordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume (Jn 2,14-17).
- En ocasiones será bueno indignarnos con lo que no va bien, y poner los medios para cambiarlo. No podemos acostumbrarnos al mal, al pecado, a la injusticia, y quedarnos indiferentes.
- Sólo triunfan los que se esfuerzan. En lo profesional, en la familia, y, en primer lugar, en la propia vida. Repasemos nuestro comportamiento. Jesús, ayúdame a cambiar, a mejorar, a ser fuerte, a poner los medios para salir de mi pereza, comodidad, acostumbramiento, o para salir de los vicios grandes o pequeños que me roban todas las energías.
- La Santísima Virgen María siempre estuvo disponible a cumplir la voluntad de Dios, sin pensar en sí misma. Madre mía, ayúdame a reaccionar siempre con prontitud, como tú lo hacías.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Comunión de los santos



— Hemos celebrado hace unos días la solemnidad de todos los santos y después el día de los difuntos. Días importantes de recuerdo para los que nos han precedido en la fe y duermen ya el sueño de la paz. Y de hacer presentes verdades importantes de nuestra fe. En todos los santos nos alegramos y tratamos a los que murieron en gracia de Dios y ya están en el cielo. El los difuntos rezamos por los que todavía están en el purgatorio, para que, purificados cuanto antes, gocen de la gloria celestial.
— Nos invita a pensar en el misterio de la muerte -que Jesús mismo quiso asumir para que nosotros pudiéramos vencerla- y en el destino final de nuestras vidas: lograr la felicidad definitiva para la que nos has hecho, el posible fracaso del infierno, o la “repesca” del purgatorio una vez debidamente purificados.
— Y, en el fondo de esta celebración, está la fe en la comunión de los santos que confesamos al final del Credo. “Como todos los creyentes forman un solo cuerpo, el bien de los unos se comunica a los otros… Es, pues, necesario creer que existe una comunión de bienes en la Iglesia. Pero el miembro más importante es Cristo, ya que Él es la cabeza… Así, el bien de Cristo es comunicado a todos los miembros, y esta comunicación se hace por los sacramentos de la Iglesia” (Santo Tomás, symb. 10) (Catecismo, 947). Nunca estamos solos, Jesucristo y todos nuestros hermanos en la fe nos acompañan y apoyan.
— En la comunidad primitiva de Jerusalén, los discípulos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, la comunión, la fracción del pan y las oraciones (Hch 2, 42). Comunión en la fe: La fe de los fieles es la fe de la Iglesia recibida de los Apóstoles, tesoro de vida que se enriquece cuando se comparte (Catecismo, 949).
La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma, y nadie consideraba como suyo lo que poseía, sino que compartían todas las cosas (Hch 4,32). Comunión de la caridad: En la “comunión de los santos” ninguno de nosotros vive para sí mismo; como tampoco muere nadie para sí mismo (Rm 14, 7). Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo. Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte (1Co 12,26-27). El menor de nuestros actos hecho con caridad repercute en beneficio de todos, en esta solidaridad entre todos los hombres, vivos o muertos, que se funda en la comunión de los santos.
— Contemos también con la intercesión de los santos. “Por el hecho de que los del cielo están más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más firmemente a toda la Iglesia en la santidad… no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra… Su solicitud fraterna ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad” (Vaticano II, Lumen gentium 49). Algunos santos, cercano el momento de su muerte, eran conscientes del gran bien que podían seguir haciendo desde el Cielo: “No lloréis, os seré más útil después de mi muerte y os ayudaré más eficazmente que durante mi vida" (Santo Domingo de Guzmán, moribundo, a sus hermanos, cf. Jordán de Sajonia, lib 43). “Pasaré mi cielo haciendo el bien sobre la tierra” (Santa Teresa del Niño Jesús, verba) (cf. Catecismo 956)
— Invoquemos en especial a María, Madre del Señor y espejo de toda santidad. Que ella, la toda santa, nos haga fieles discípulos de su hijo Jesucristo, y que se lleve cuanto antes al Cielo a los difuntos que estén en el purgatorio. Amén.